El 4 de octubre de 1497 murió en Salamanca el príncipe Juan, único hijo varón de los Reyes Católicos, el heredero que iba a reinar sobre media Europa. ¿Y si no hubiera muerto?
De una sola pregunta —¿y si el heredero hubiera vivido?— nace un siglo XVI entero recorrido por un camino distinto al que conocemos.
Tenía diecinueve años y apenas seis meses de casado. Con él se apagó el futuro que Isabel y Fernando habían soñado para España. En Te enseñaré mi isla y La Corona de Sal, ese príncipe sobrevive, llega a rey y arrastra consigo a toda una época.
No es un tratado de política: es una historia de personas. Juan crece a la sombra de unos padres inmensos, se enamora de Margarita de Austria y aprende a gobernar entre consejeros que lo empujan y rivales que lo acechan. A su alrededor se mueven la Francia de Francisco I, la Inglaterra de los Tudor, la Roma de los papas y el sultán Solimán.
«La historia pudo ser muy distinta: el hijo de los Reyes Católicos sobrevivió… y cambió el destino de España para siempre.»
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